Pablo Francescutti
No fueron pocos los que en España se quedaron atónitos cuando, en lo más crudo de la pandemia del COVID-19, el expresidente boliviano Evo Morales expresó en una rueda de prensa su visión de la crisis sanitaria: “yo estoy convencido de que es parte de una guerra biológica. ¿El capitalismo qué exporta? Armas nucleares, armas biológicas. Debe ser hace cinco o seis años que el FMI afirmaba que la política del Nuevo Orden Mundial indicaba que era importante una planificación de la reducción a la población innecesaria”(…) Para el capitalismo la gente pobre es innecesaria para el Estado y esta pandemia primero mata a la gente que menos tiene, a la gente con discapacidad”.
Con sus palabras Morales contribuyó al cúmulo de lucubraciones conspiracionistas que en aquellos días acrecentaban la confusión en relación al origen del virus, la prevención de su infección y su tratamiento. Pero esta vez no hablaba un hippie desconfiado del saber médico ni un ultraderechista obsesionado con las élites globalistas, sino todo un referente del progresismo latinoamericano.





















